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18º Domingo
Tiempo Ordinario
6 Agosto
2017
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Ruego/rogamos por
pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo
y, así, poder seguirlo mejor
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Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado
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Leo/leemos el texto.
Después contemplo
y subrayo.
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Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros
personajes, la BUENA NOTICIA que
escucho...veo
Pienso en situaciones y hechos de mi vida. También en las dudas que
surgen sobre la fe en la resurrección. ¿Cómo las comparto, estas dudas, con
los otros “discípulos”? Y, pese a que sea con dudas, la fe en la
resurrección, ¿cómo da sentido a mi vida, a mis luchas, a mis alegrías?
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Y vuelvo a mirar la
vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el
evangelio ¿veo?
¿Qué experiencias encuentro de renovación, de transformación según el
proyecto del Reino de Dios?
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Marcos 9, 2-10
2 Seis días
después Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a un
monte alto a solas. Y se transfiguró ante ellos. 3 Sus vestidos se volvieron de
una blancura resplandeciente, como ningún batanero de la tierra podría
blanquearlos. 4 Y se les
aparecieron Elías y Moisés hablando con Jesús. 5 Pedro tomó la palabra y dijo a
Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas, una para ti,
otra para Moisés y otra para Elías». 6 Es que no sabía lo que
decía, pues estaban asustados. 7 Una nube los cubrió con su
sombra; y desde la nube se oyó una voz: «Éste es mi hijo amado. Escuchadlo».
8 Miraron
inmediatamente alrededor, y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con
ellos.
9 Mientras bajaban
del monte, Jesús les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta
que el hijo del hombre hubiera resucitado de entre los muertos. 10 Ellos
guardaron el secreto, pero discutían qué querría decir con eso de «resucitar
de entre los muertos».
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(Si lo hacemos en
grupo, lo puedo compartir)
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(Si lo
hacemos en grupo, lo puedo compartir)
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Llamadas que me hace -nos
hace- el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso
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Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...
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Notas por si hacen falta
Notas para situar el texto, el contexto y el pretesto
oSobre la fiesta de hoy (la
Transfiguración del Señor), este mismo texto lo hemos encontrado este año en
el segundo domingo de Cuaresma. Es propio de la Cuaresma la contemplación de
este 'cuadro' que prefigura la Pascua de Jesús.
oPero ya hace días que lo leímos. No
pasa nada, pues, si volvemos a leerlo desde los lugares, hechos, situaciones
por donde pasa nuestra vida hoy.
oDe todas formas, aquí se intenta poner
algunos acentos distintos, aunque muchas de las notas, naturalmente, serán
las mismas.
oA diferencia del tiempo de Cuaresma, en
el que contemplamos este evangelio mirando a la fiesta de Pascua que se
acerca, la fiesta de la Transfiguración del Señor lo contempla en sí mismo.
Estamos celebrando una fiesta del Señor. Sencillamente. Y pretendemos
escuchar la palabra del Hijo predilecto, como dice una de las oraciones de la
misa de este día, para ser coherederos de su gloria.
Algunas
imágenes y símbolos que aparecen:
oEn el evangelio de Marcos el bautismo
(1,9-11), las tentaciones (1,12-13) y la transfiguración de Jesús forman una
tríada unitaria, que conviene interpretar conjuntamente. De hecho, los tres relatos
describen momentos cristológicos bien significativos de la historia del
nazareno. Descubren, de modo complementario, experiencias religiosas fuertes
de Jesús al inicio de su ministerio (bautismo), en la hora decisiva de la
prueba (tentaciones) y en la gloria de la exaltación (transfiguración),
siempre en el camino hacia la Cruz. En domingos anteriores hemos interpretado
los dos relatos primeros: uno al finalizar la Navidad y otro al comenzar la
Cuaresma. Hoy, fiesta de la transfiguración del Señor, nos detenemos en el
tercero de los relatos, sin dejar de considerar lo afirmado sobre los
anteriores.
oLa "montaña alta" (2), en la
Biblia, es lugar de proximidad con Dios, lugar donde Dios se revela. Es en la
montaña donde se producen los contactos más significativos entre Dios y la
humanidad.
oComo el bautismo, la forma literaria de
la transfiguración es una teofanía. En el cenit de la narración se alza la
declaración del mismo Dios sobre la personalidad oculta de Jesús que, a medida
que enseña y actúa, se va mostrando paulatinamente en su ser más profundo.
Éste es mi Hijo amado; escuchadlo, proclama el Padre. Confesión que casi es idéntica
con la pronunciada en el bautismo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido. Pero
los personajes secundarios han cambiado. Los testigos ahora son Pedro,
Santiago y Juan, los tres discípulos predilectos del maestro (5,37; 14,33),
pertenecientes al grupo de los doce (1,16-20.29; 3,16-19), no el Bautista, como
en el caso del bautismo. Este hecho tiene su relevancia como veremos más
adelante.
o"Moisés" y "Elias"
(4) habían hablado con Dios en una "montaña alta". Son destacadas
personalidades de la Primera Alianza: Moisés, el gran legislador que
configuró a las tribus judías como pueblo en torno a Yahvé y a su Ley; y
Elías, uno de los más sobresalientes profetas, que formó a su alrededor a un
grupo de leales, partidarios decididos del “sólo Yahvé”, como único Dios del
pueblo elegido, en unos tiempos difíciles de defección y apostasía.
Representan la Ley y los Profetas, las dos partes de la Biblia; por lo tanto,
representan la antigua alianza. Eran aquellos a quienes el pueblo
"escuchaba" (7) hasta ahora. Que aparezcan conversando con Jesús
indica que la Escritura da testimonio de Él. Por otro lado, ambos son
personajes en los que sus vidas acaban de forma extraordinaria (Dt 34,6; 2Re
2,1 l).
oLas "tres tiendas" (5) pueden
aludir a la fiesta de los Tabernáculos, una de las tres fiestas de
peregrinación, vinculada con el recuerdo de los cuarenta años de estancia del
pueblo en el desierto en tiempos del éxodo, donde los israelitas habían
vivido en tiendas de campaña. Pero también se pueden referir a las estancias
eternas del cielo (Lc 11,9; Jn 14,2).
oLa "nube" (7) es signo de la
presencia de Dios (Ex 24,15-16; 40,35).
oLa "voz" (7) que sale de la
nube revela la identidad de Jesús, como en la escena del bautismo de Jesús
(Mc 1,1 l).
Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio (Marcos 9,2-10)
·
Transfigurando a Jesús,
Dios manifiesta a los tres discípulos que Jesús tiene la misma gloria divina,
es decir, que es Dios; la escena es una anticipación de la resurrección
(2-3).
·
La presencia en la escena
de la antigua alianza, representada por Elías y Moisés (4), viene a decirnos
que Jesús lleva a plenitud lo que en la historia precedente del pueblo se
había preparado. Dicho de otra manera, lo que era antiguo ha sido
transfigurado, ha sido renovado por Aquél, Dios, que todo lo renueva (2Co
5,17; Ap 21,5).
·
La voz de la
"nube" (7) expresa el núcleo de la Buena Noticia: Jesús es Dios en
medio de nosotros. En Él tenemos la posibilidad de "escuchar" a
Dios mismo.
·
Los discípulos han tenido
ocasión de "ver" (9) anticipadamente el futuro que Dios les
prepara. Pero también, "de pronto", se dan cuenta de la realidad
actual: Jesús, el Hijo de Dios, está "solo con ellos" (8), haciendo
el camino de la humanidad, un camino en el que hay de todo, también la cruz.
·
“No contéis a nadie lo que
habéis visto" (9): el camino de Jesús hay que vivirlo para poder
contarlo. Y vivirlo pasa por la muerte y la resurrección. Cuando se haya
pasado por aquí, se podrá explicar bien quién es Jesús.
·
Jesús ha abierto en el
corazón de los discípulos, ni que sea con interrogantes (10), la fe en la
resurrección. La fe de todo discípulo de Jesucristo es una fe con dudas, con
preguntas. Pero, al fin y al cabo, es la fe que da sentido al camino de
discípulo, la fe que hace feliz a pesar del sufrimiento y de la muerte, la fe
que permite ver al Hombre Nuevo, "transfigurado", en el
Crucificado.
·
En
SINTESIS: Es un texto de una epifanía apocalíptica. La nube, la voz
celestial, la presencia de Moisés y Elías evocan la manifestación de Dios en
el Sinaí. El rostro resplandeciente y la túnica blanca recuerdan la visión
del hijo del hombre de Dn 7. En Cristo, pues, se revela el Dios liberador de
la esclavitud de Egipto, de la muerte a Elías, de la persecución helenista.
En la transfiguración Jesús quiere que comprendan que la muerte no significa
la ruina del hombre. Quien ha sido rechazado y ha dado la vida por el bien de
los demás no fracasa definitivamente. Simón, (“el Piedra” = el obstinado),
Santiago y Juan (“los Truenos” = los autoritarios) son los tres que presentan
mayor resistencia al mensaje. Quiere darles la experiencia de su condición divina,
significada por el color blanco luminoso, y la conversación con la Ley y los
Profetas. Pedro no comprende, no ve la novedad de Jesús. Dios interpreta el
hecho: este es mi Hijo amado; escuchadle.
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LUMINOSA OSCURIDAD
Eres incomprensible.
Pero la oscuridad
de tu misterio
es más luminosa
que nuestras ideologías,
pequeñas luces
colgadas en las encrucijadas.
Eres inaccesible.
Pero tu distancia
es más acogedora
de lo último de mi ser
que todos los brazos
que se cierran con amor
sobre mis espaldas.
Eres indecible.
Pero tu nombre,
orado humildemente,
va manando silencioso
más sabiduría
que los torrentes de palabras
que circulan en la tierra.
Eres inmanipulable.
Pero tu designio
trae hasta mis venas
una gota de vida eterna
que hace brotar
desde dentro de mi realidad
todas mis creaciones.
B. González Buelta
«CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR EN EL PAÍS DE LA
VIDA»
Estoy pensando
en el país de la vida.
Debe estar fuera
de nuestra galaxia.
El país de la
vida no es, desde luego, este que conozco.
Hoy mismo me
llegan noticias de muerte:
239 víctimas en
un accidente aéreo;
ayer enterramos
a un sacerdote amigo;
anteayer murió
una joven madre en la carretera,
dejando tres
niños -el mayor de tres años-.
No quiero contar
los que ahora mismo están muriendo,
víctimas del
hambre, de epidemias, de abortos y violencias,
los
interminables genocidios silenciosos,
nadie mata, pero
todos dejamos morir.
Sí, es verdad
que nacen más niños,
que el mundo
crece y progresa,
que vence la
vida.
Pero hay otras
muertes:
las del vacío y
desencanto, la tristeza y desamor,
el miedo y el
fracaso, la esclavitud...
¡Hay tanta
muerte interior!
No, el país de
la vida no es éste,
no es un país
superdesarrollazo
-¡cuánta muerte
en ellos!
ni un país de
ensueño, que es utopía,
ni un monte
iluminado, no hay montes Tabor.
El país de la
vida no es un lugar geográfico, sino espiritual;
no está en las
condiciones de vida, sino en las actitudes;
no está fuera,
sino dentro.
Está en la
calidad, en el esfuerzo, en el estilo,
en el
pensamiento, en el corazón, en la relación.
Entraré en el
país de la vida
cuando camine
con los hermanos,
cuando me
acerque a los pobres y a los que lloran,
cuando unamos
las manos y los corazones.
Caminaré en el
país de la vida
cuando la sepa
valorar,
cuando la sepa
dar y compartir,
cuando la sepa
sembrar.
Viviré en el
país de la vida
cuando no la
retenga codiciosamente,
cuando la sepa
perder.
Es decir,
caminaré en el país de la vida
cuando camine en
«presencia del Señor».
Ahora ya lo
sabes,
el país de la
vida es el país del amor,
el país de la
vida es el Señor.
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