Joven rico y un compartir el seguimiento-militancia
Hace unos años, en la JOC, en un equipo de militantes, hicimos una revisión sobre el dinero. Yo tenía un principio: de que a 1 de enero no debía de tener más de tres sueldos ahorrados. Recuerdo que un militante me interpelo diciendo que tenía que ahorrar para tener, y cuando alguien me pida poder desprenderme y compartir. El otro día tuve la última experiencia de esto…. Y tengo que decir que se hace duro desprenderse cuando tienes. Recojo algo de lo que apuntaba en el cuaderno de vida esos días: cuando me lo pidió no dudé… fui y saque el dinero, y se lo ingresé en la cuenta que me dijo… pero he estado varios días pensando, dando vueltas y preguntándome ¿he hecho lo que tenía que hacer? ¡He hecho lo que tenia que hacer!.
Se que no soy joven… y en esto del consumo y de los criterio del mundo… yo soy tan mundano como cualquier joven y viejo. Os propongo para este nuevo año rezar con el joven rico…. ¡nosotros! Si, pero en seguimiento ¡militantes!.
Este pasaje lo encontramos en Mt, Mc y Lc. Los tres en el camino. No hay grandes diferencia, aunque si matices. No voy a entrar en ellos.
Lc 18,18-30: lo sitúa en el camino, en el seguimiento (nos exige posicionarnos, definirnos)… el desprendimiento nos pone en el camino de la justicia que Dios quiere, en la apertura de las necesidades de los demás, del seguimiento….
Mc 10,17-31: también esta en camino, en seguimiento pero frente al acumular (prestigio, riqueza, méritos) le propone compartir su vida con él, con los pobres… sabiendo que la riqueza tiene fuertes ataduras nos dice que la salvación es un don, donde los ricos se excluyen (no los excluye Jesús). Es el pasaje que tomo como referencia.
Mt 19, 16-30: también en el camino,…en el se nos exige posicionarnos y el tener (mucho) nos impide muchas cosas.
Ciertamente, ser joven hoy lo da la edad, el ser joven y seguidor de Jesucristo lo posibilita las opciones, es posible si somos consciente de que estamos como la simiente entre zarzas y absorbidos por las persecuciones de la vida y la seducción del consumismo, y ahí es donde se puede ahogar-terminar nuestro seguimiento-militancia (esterilidad de la palabra escuchada). Y las pelas (las seguridades) atraen a jóvenes y no tan jóvenes (expresidentes de gobierno, curas, militantes….), instituciones, asociaciones,… y recordemos que lo nuestro empezó con un pesebre, un madero, una tumba vacía…. y un proyecto: el de Dios (y la promesa de que el nos acompañará siempre).
La posición ante los bienes materiales no es un aspecto más en la enseñanza de Jesús. Es una cuestión que lo define a El mismo y define a sus discípulos. En el mundo judío del tiempo de Jesús, tener riqueza material era un signo de la bendición de Dios. Jesús cambia este enfoque y se pone, por tanto, en contradicción, como es contradictorio que “un camello” pueda pasar “por el ojo de una aguja” (Mc 10,25).
En este pasaje, Jesús habla del mismo con el grupo de discípulos, para enseñar y sacar consecuencias: la enseñanza sobre el peligro de las riquezas (23-27) y el diálogo sobre la recompensa de los que han renunciado a ser ricos (26-31).
El hombre que se acerca a Jesús (17) busca normas de comportamiento —“ haré?”— para así merecer —“heredar”— “la vida eterna”. Quiere ser amo de la vida eterna del mismo modo que es amo de muchos bienes al ser “muy rico” (22). Posiblemente ese hombre ha trabajado mucho y los bienes que tiene son fruto de su esfuerzo (estudio, trabajo, ahorro). Marcos lo presenta como alguien con ganas de ser fiel a la voluntad de Dios (20). Jesús lo valora. Pero le hace ver que fuera de Dios nadie es bueno (18) por más que haya sido “cumplidor desde pequeño” (20). Ni Él mismo, Jesús, se sitúa entre los buenos (16). “Los mandamientos” (19) que ese hombre “ha cumplido” (20) son pistas que conducen a la vida eterna (Ex 20,12; Dt 5,16), pero no para merecer nada.
Jesús “se le quedó mirando con cariño” (21).Y le hace el mayor regalo que le pueda hacer: le invita a “seguirle”, a ir con El (21). Si los mandamientos no llevan a seguir una Vida, a vivir como Jesús, nos llevan al legalismo. Seguir a Jesús nos hace descubrir que la relación con Dios es relación con una persona y con las personas. Y una relación que es gratuita y confiada, que libera y nos libera.
El seguimiento de Jesús, la militancia, no es un mandamiento que se añade a los demás, ni un mandamiento nuevo que supera a los anteriores. Jesús invita a pasar de la Ley al Amor, del hacer —“ haré?” (17)— al ser —“sigueme” (21)—.
Jesús invita al rico a desprenderse de todos sus bienes. Y el hombre “frunció el ceño” (22). Seguir a Jesús no se puede hacer si no se rompen las cadenas de las riquezas que nos atan. Sobre las riquezas, Jesús enseña que el mejor uso que podemos hacer de las mismas es dárselas a los pobres. Pero, cuidado: no por dárselas a los pobres se gana la vida eterna, que siempre es un don de Dios. Hay que dárselas porque son suyas. Y porque cuando se acumulan se convierten en un ídolo que exige culto: estar siempre pendiente de ganar más y no perderlas. Las riquezas ocupan fácilmente el lugar de Dios: Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis sentir a Dios y al dinero (Mt 6,24).La actitud de presentarse ante Dios bien cargado de riquezas y de méritos es como decirle a Dios que no lo necesitamos. Dios no me hace falta por que ya lo tengo todo, todo me lo he ganado: me he ganado bien la vida en este mundo y me he ganado la vida eterna. Me lo merezco: he trabajado mucho y he sido fiel cumplidor de la religión, incluso dando limosna. Dios no me hace falta. En el fondo, esta actitud es una especie de ateísmo práctico, no reconocido como tal. Y la figura de un “dios”, que no es el Padre de Jesucristo, tapa la autosuficiencia sobre la que he montado mi vida.
La salvación no se compra, es incompatible con la riqueza (23-25); es un regalo de Dios, gratuita, por tanto. A nosotros nos es imposible salvarnos. Pero para Dios “es posible” (Mc 10,27; Gn 18,14; Jr 32,17.27; Za 8,6; Jb 42,2; Lc 1,37). Nosotros estamos llamados a acoger la vida eterna que nos es dada y sólo lo podremos hacer con las manos vacías. Si tenemos las manos llenas, si vamos por la vida demasiado hartos, si estamos llenos de nosotros mismos... no podremos acogerla.
Renunciar a todo (21.28), se hace “por Jesús y por el Evangelio” —es decir, por anunciar el Evangelio— (29). Se hace por un “tesoro” (21). Quien así lo deja todo, recibe ahora el regalo que es la Iglesia/movimiento —“casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras” (30)-. y no se ahorrará dificultades, “persecuciones” (30), las mismas que vivió Jesús. Pero también, como el Resucitado, recibirá el regalo —no el premio— de la “vida eterna”.
Amigos, siendo cura, hoy sigo preguntando al acercarme a Jesús ¿qué tengo que hacer?
Oración final: Maestro bueno, ¿Qué tengo que hacer? (Mc 10, 17)
No le tengas miedo a Jesús,
ni a sus palabras.
Cuando el hable,
bien sabe lo que habla.
Cuando el promete vida,
es que quiere darla,
es que puede darla,
es abundante.
Nunca le tengas miedo.
Acércate a él
con el corazón en la mano,
dispuesto a escuchar su palabra
y a ponerla en práctica.
Nunca le tengas miedo a Jesús.
Si eres pobre,
hará de tu pobreza
una bendición de Dios
y una fuerza de cambio
para que a todos llegue
el pan, el derecho y la justicia.
Si eres rico,
hará de tu riqueza
una bendición de Dios
y una fuerza de cambio
para que la abundancia llegue también
a quien por el abuso de algunos
no pueden disfrutar en esta vida
de las cosas buenas de Dios
que el esparció por el mundo,
como adelanto de la vida completa
y del gozo sin fin.
No le tengas miedo a Jesús.
Nunca le tengas miedo a Jesús.
Acércate corriendo a él, y pregúntale:
“maestro bueno, ¿Qué tengo que hacer
para lograr vida eterna?”.
Traducido de Manolo Regal;
“Un caxato para o camiño”; p 85
DOS NOTAS del magisterio:
ØEn la mentalidad bíblica riqueza y bienestar son signos de bendición divina; pero ya en el Deuteronomio (8,11-18), se ve su peligro de autosuficiencia y olvido de Dios. Los pobres de Yahvé comprenden que no dependen de sí, sino de Dios. Jesús invita a la desposesión absoluta: sólo Dios es el único absoluto. Los bienes terrenos están al servicio de todos los hombres. Este principio lo admiten todos en teoría; pero la práctica lo desmiente: “algunos países, generalmente los que tienen una población cristiana sensiblemente mayoritaria, disfrutan de la opulencia, mientras otros se ven privados de lo necesario para la vida y viven atormentados por el hambre, las enfermedades y toda clase de miserias” (GS 88).
Ø “Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana…. Queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”. (Benedicto XVI, Verbun Domini 104)


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